2018

(Este post en cierto modo continúa lo explicado en 2017, escrito hace justo un año.)

Se vuelve a recomendar su lectura con esta banda sonora:

 

 

Es la mañana de Año Nuevo. Y te despiertas en una cama y en una casa que no son tuyas, sino vuestras. La casa y la cama que compartes con Ella. El hogar que estáis empezando a crear. El mismo que elegisteis el mágico día de julio en el que tu vida, de una forma súbita y aleatoria, se encajó por completo después de muchísimo tiempo creyendo que algo fallaba en ella, y por tanto en ti. El día que solucionaste tu futuro laboral y, al mismo tiempo, tu presente sentimental se tiñó también de ese mismo futuro.

Aunque sería injusto decir que ese día se arregló tu mundo de una forma súbita y aleatoria. No fue ni súbita, ni desde luego aleatoria.

No fue súbita pues lo fuiste trabajando durante todo el año anterior. Haciendo un titánico esfuerzo —nunca, nunca lo olvides; ni te restes méritos— para aprobar tu oposición. La oposición que —y esto es lo importante— TÚ decidiste hacer. La que te robaba tiempo de estar con Ella en un momento delicado, una vez perdidas la emoción de las primeras semanas y cuando todo se empieza a asentar.

Y aquí es donde no fue aleatorio; tenía que ser así. Y tenía que ser con Ella. Nadie lo hubiera entendido todo tan bien. Con una sonrisa. Siempre. Y sin pasar ninguna factura por el tiempo perdido. Nunca. Es más, haciendo suyo tu objetivo. Como miembro de un equipo. El equipo que formáis. El equipo que os queda por formar y que irá engrasándose y cogiendo rutinas, pero de las buenas, con el paso de los meses. De los años. De las décadas.

Estás sólo en la cama, pese a ser tan sólo las nueve y media de la mañana. Y hueles a café recién hecho. Nada nuevo; Ella duerme menos que tú y además tu nuevo horario hace que cada mañana Ella te deje durmiendo mientras se encamina a su trabajo. Y tú te despiertas un par de horas —o tres— después y, cada día, ves lo mismo. La bandeja del desayuno preparada. Con taza para el café y brick de leche.  Y vaso para el zumito, que se queda en la nevera para que no se te caliente. Son los detalles que hacen de Ella una persona especial. También muchas mañanas deja un post-it  con el recordatorio de un recado pendiente. Te conoce bien y sabe que a veces te despistas con tus escritos y tus asuntos del nuevo trabajo. Aunque la mayoría de las veces esa nota tan sólo expresa lo mucho que te quiere haciendo una de vuestras bromas privadas.

Partes de la rutina que ya tenéis construidas.

Resultado de imagen de Nattu Love is being stupid together

Tras un rato de retozar en la cama más largo del necesario, te levantas. Por lo general Ella ya habría desayunado, pero hoy es Año Nuevo y se ha despertado un pelín más tarde, dándote el tiempo justo para que tu calculado vagueo te levante en el momento exacto en que ha terminado de poner la mesa. Te sonríe cómplice; ya te tocará recogerlo luego. Es lo justo.

Y, tras daros el beso de buenos días y desearos un feliz 2019 por vigésimo séptima vez —y las que hagan falta—, desayunas junto a Ella en silencio viendo cualquier cosa en la tele.

Y al rato os ponéis a hablar.

Planeando el día. El Año. Y la vida que os queda.

 

Imagen: “Love is being stupid together” de Nattu

Música: “Pequeña criatura” de Ismael Serrano

Un comentario en “2018

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