2020

Se vuelve a recomendar su lectura con esta banda sonora:

Es la mañana de Año Nuevo.

Y te has despertado pronto, muy pronto. Sobresaltado. Desde hace unos meses hay algo que te hace dormir peor y que, mucho te temes, lo hará durante el resto de tu vida. Giras la cabeza al otro lado de la cama y las ves.

A Ellas.

Están dormidas, tranquilas, recibiendo el Año Nuevo. O al menos lo que puedes ver, porque una está dentro de la otra, como una especie de muñecas rusas de la felicidad humana. Y tú, comprobando que todo sigue como Dios manda, respiras aliviado y ves que el año ha empezado bien, con todo en su sitio. Cierras los ojos para retozar un ratito. Ya estás tranquilo, porque desde mayo ya no importa nada más.

Sólo que Ellas estén bien.

Hasta ese momento importaron muchas otras cosas, para qué engañarse. Porque aunque en tu casa la vida era apacible, ahí fuera el huracán tronaba como nunca. Casi te sentías mal; el mundo cayéndose a pedazos y vosotros ahí, queriéndoos sin miedo. Pero en mayo viste  cual era el objetivo de aquella felicidad culpable.

Que mientras allí fuera la muerte campaba a sus anchas, aquí dentro creabais vida.

Una vida que era importante, necesaria. Para daros esperanza frente al terror del mundo. Para iluminar las caras de vuestros padres, aterrorizados ante qué podía ser de ellos. Para consolaros pensando en que durante un tiempo vuestras sonrisas, ahora tapadas por un trapo, serán vistas a través de su carita.

Una de Ellas será vuestra boca y vuestra nariz frente al mundo.

Pero eso, ahora, preocupa pero no importa. Porque todo forma parte de un mismo objetivo: que Ellas estén bien. Y sabes que durante este año, y todos los que quedan, vas a seguir haciendo lo imposible por su bienestar. Es tu trabajo, y lo haces con la mejor de tus sonrisas. Y es una alegría franca, porque te sabes completo haciendo cualquier sacrificio, siempre que las beneficie. Porque lo que parece un sacrificio acaba siendo un gozo y un disfrute.

En eso consiste ser un adulto, imaginas mientras sonríes en la cama. Eso es ser un marido.

Un padre.

Mientras te hipnotiza verlas respirar, recuerdas a tu propio padre, ahora tan lejos pero a la vez tan cerca. No era un padre perfecto: ninguno lo es, tú tampoco lo serás. Pero era TU padre perfecto. Del que tanto aprendiste y el que, junto a tu madre, te formó y te ha hecho quien eres. Y rezas para que, en un futuro lejano, alguien piense en ti de la misma forma en que tú piensas en él. Con muchísimo más agradecimiento que pesar.

Significará que has cumplido tu misión.

Es normal que a estas alturas tu padre te venga a la cabeza, pero no puedes evitar sentir cierta tristeza recordándole. Porque le imaginas hablando con Ellas y lamentas la oportunidad perdida. Pero ya te has acostumbrado a que su memoria venga en cualquier acontecimiento grande de tu vida. Lo importante es que has aprendido a reconocer ese recuerdo e incorporarlo a la felicidad del evento. Tu boda, el próximo nacimiento, lo que venga.

Siempre estará presente. Gracias a Dios.

Te levantas de la cama, intentando no golpearte con la cuna en la nueva disposición de los muebles del dormitorio. No quieres despertarlas: últimamente están durmiendo muy mal y necesitan una mañana de relax. Así que, por una vez, eres tú quien prepara el desayuno. Ese debería ser tu propósito de Año Nuevo: descargarlas de trabajo en la medida de lo posible.

Suficiente tienen con la que se les avecina.

Mientras preparas café y zumo para ti, y leche y tostadas para Ellas, piensas en lo afortunado que eres. Porque el año ha sido duro, pero a ti te ha pasado silbando. Pasaste la crisis en tu casa, recién casado con Ella. Vuestros trabajos apenas se han resentido. De hecho, tú estás más contento que hace un año. Con todo el peligro que arreciaba, pocos seres queridos se han visto afectados. Es verdad, has quedado poco con tus amigos y ves a tus sobrinos menos de lo que te gustaría, pero quizá este año te ha servido de entrenamiento para lo que te viene. Para lo importante.

Dedicarte a la familia que estáis creando.

Mientras se te sale el café, Ellas entran a la cocina. Se ríen y te abrazan deseándote un Feliz Año Nuevo. Notas su calor. El de una con el beso que te da, el de otra con el abultado vientre contra el tuyo.

Ponéis la mesa y os preparáis para el primer desayuno del año que lo cambiará todo.

El año en que os convertiréis en tres.

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