39 días

El día que escribes esta primera línea llevas treinta y nueve días encerrado en casa.

Empty Airport | Leica M6 Summarit 35mm Ilford HP5+ | Walker ...

Y no te deberías quejar; como siempre cuentas a tus amigos, eres de los casi privilegiados —nadie lo es— dentro de la tormenta. Eres funcionario, lo que propicia que tu situación cuando escampe no vaya a ser de ningún modo dramática. Puede que te quiten una paga extra o te bajen un poco el sueldo, pero no mucho más.

Vives en una casa no muy grande, pero lo suficiente para estar cómodo con Ella y poder tener vuestros espacios de intimidad. Que estáis recién casados, pero tanto tiempo con la única compañía del otro puede arruinar esta segunda luna de miel. No tenéis hijos, con lo que el encierro es un tanto más sencillo que el de tu hermano, que tiene tres.

Eso sí, no tienes perro ni mascota paseable. Una pena.

El resto de tu familia está bien, incluida tu madre y tus suegros, que empiezan a tener una cierta edad. Pero los tres son fuertes y muchas veces son ellos los que te animan en los días duros. Que los hay.

Pero estás bien. Entre otras cosas, porque estás con Ella. No te puedes imaginar pasando esto solo. Ni con nadie más.

Porque es muy duro. Todo. Ahí fuera el mundo está haciéndose pedazos y tú en casa, casi siempre en chándal. Con todo el tiempo del mundo para pensar en que será de nosotros en unos cuantos meses. Con legiones de gente “pro” y gente “anti” que bombardean a diestro y siniestro con opiniones, críticas y predicciones que no ayudan a evadirte.

Como si esto fuera algo de unos contra otros.

Como si aquí fuéramos a ganar alguno.

Y tu trabajo no ayuda. Porque lo que más aprecias de ser profesor es el contacto humano con los chavales. Y ahora se ha convertido en trabajo solitario, delante del ordenador, hablándole a una pared. Al menos, hoy te ha llegado la pizarra magnética que te ayudará la semana que viene, en la que empezarás a hacer videoconferencias con ellos. Será otra forma de echarle un pulso a la rutina. Como las charlas que haces con tus amigos en las que aprovechas para tomarte unas cervezas  e intentar no discutir de política.

Porque la rutina te aplasta. Y eso que tú siempre fuiste de rutinas, pero porque las elegías tú. Esta viene impuesta. Hasta tus aficiones se acaban convirtiendo en rutina. Escribes a una hora determinada, lees después de comer, ves una película después del aplauso…

Cada cosa a su hora.

Pero te vuelvo a insistir. No estás mal, la vida es mucho más que este encierro y todo va a salir bien, por muy duro que sea el trayecto.

Que lo es.

Porque todas esas cosas insanas se deben quedar aparcadas. No es tan grave, no es tan importante.

Porque esta Ella. Y os tenéis el uno al otro.

El primer día de encierro discutisteis. Nada muy importante, aunque raro. Desde que os conocéis habéis discutido muy poco. Seguramente os estaba afectando la tensión de los anteriores días, con la escalada de malas noticias y peores augurios que se os vino encima. Os dijisteis un par de malas palabras, un par de voces para nada malintencionadas. Tú estabas sentado en esta misma silla, delante de este mismo teclado.

Ella a tu lado, como siempre.

Entonces os mirasteis a los ojos e hicisteis un pacto que os devolvió la paz. Más bien, continuasteis el que tenéis desde hace mucho tiempo, desde los días de vino y rosas. Que lo ibais a hacer JUNTOS. Como lleváis haciendo todo siempre. El noviazgo, la oposición, el matrimonio, los días de mierda y cuchara que se avecinaban.

Lo que venga después.

La vida, en definitiva.

Juntos.

 

 

Imagen:”Empty airport” de Walker Carpenter

3 comentarios en “39 días

  1. Pingback: Lo que vimos confinados | Lo que mis mentiras cuentan

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