El amor más puro

Cuando ella se ausentaba de casa, su mundo temblaba y se llenaba de oscuridad. Los barrotes de su celda se notaban cada vez más altos y el colchón mucho menos mullido.

Y había lágrimas. Y dolor. Su lejanía le hacía sentir tanto dolor que incluso se le quitaban las ganas de comer. Él pensaba, sin poder expresarlo con palabras, que era su forma de protesta, algo así como una huelga de hambre. Pero nadie le entendía. Y la ansiedad le acababa cortando la respiración.

Además, la maldita niñera le dejaba todos los días el chupete fuera del parque.

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