Películas a las que el tiempo arrolló y una película que ha arrollado al tiempo

Es una verdad asumida entre el público que la valoración que se le da a una película depende del momento en el que ésta sea vista. Porque las circunstancias de ese rato en el que nos ponemos delante la pantalla, o nuestros prejuicios, influyen en el recuerdo que guardamos de ella. Por ejemplo, no es lo mismo sentarse a ver Kramer contra Kramer una tarde de domingo cualquiera con tu novia que verla una semana después de divorciarse.

Sin ir más lejos, quien esto escribe recuerda la olvidable Maudie, el color de la vida (2016)  mucho mejor de lo que en realidad era por ser la primera vez que fue al cine con su actual esposa.

Es por ello por lo que siempre es conveniente ver una película más de una vez. Al menos las que no sean directamente detestables. Porque no hay necesidad ninguna de ver Waterworld  otra vez. Aunque no sería la primera vez que alguien le encuentra la gracia a la segunda intentona a Kevin Costner luciendo agallas. Pero en líneas generales es conveniente darle una segunda oportunidad a una peli. Volviendo a mi ejemplo particular, empecé a encontrarle valor a Uno de los nuestros la segunda ocasión que la vi, tras un ruego de mi primo Coco para que la volviera a ver.

Cosas que nos pasan a los cinéfilos en nuestra juventud.

Hasta ahora hemos hablado de las sensaciones que nos genera el primer visionado de una película. Es decir, de algo subjetivo. Pero hay películas que pierden objetivamente con el paso del tiempo, o que su mensaje queda diluido. Hay películas a las que, ya sea por motivos técnicos o ideológicos, el tiempo ha arrollado.

Dentro del primero de los casos podemos encontrar clásicos como King Kong, en su versión de 1933, o Superman (1978), en donde casi se ven los cables que sujetaban a Christopher Reeve y que palidece al lado de Star Wars, que es de un año antes. Eso no quiere decir que estas películas sean malas, al contrario. Pero hay que ponerse en situación para verlas y ver los avances técnicos que pudieron suponer.

Dentro del segundo grupo, existen películas cuyo mensaje o argumento nos resulta antediluviano en la sociedad que vivimos, como pueden ser Cocodrilo Dundee, Los bingueros  o cualquiera de Disney. ¿Habría por ello que desaconsejarlas o censurarlas? JAMÁS. Nos sirven para darnos un contexto de cómo eran los distintos pasados a los que se referían y ver en lo que hemos avanzado. Y en lo que se ha retrocedido, que de todo ha habido.

Pero todo este largo preámbulo, polémicas incluidas, tan sólo ha servido para introducir una película que desgraciadamente ha arrollado al tiempo: Contagio (2011), de Steven Soderbergh.

Si no saben por qué lo digo, vean el tráiler. Espeluznante, ¿verdad?

Se trata de una película que en el momento de su estreno, allá por 2011, obtuvo unas críticas razonablemente buenas. Se habló de un film que, para tratar un argumento tan inverosímil como el suyo, lo hacía con sobriedad y sin efectismos. Pero también se le trató como una “ciencia ficción poco comercial”, pues trataba sin la grandiosidad necesaria una historia que nunca podría ocurrir. De ninguna de las maneras.

Para rezagados, informo: la película trata de una pandemia global debida a un virus  que se transmite por el aire y por contacto con superficies.

“Ciencia ficción”. Hay que joderse.

Yo la he visto este verano de 2020. Y, si no fuera por los actores famosos, podía pasar por un telediario. Pasé mucho miedo. Era, a todos los efectos, el mundo de 2020. El mundo confinado, aeropuertos vacíos, saqueos a supermercados y gente que no se da la mano entre sí para “no dar mal ejemplo” al no cumplir el “distanciamiento social”. También existe el mismo hartazgo de los confinados e inutilidad y cinismo en la clase política. Y huelgas de médicos por las malas condiciones en su trabajo. Por haber, hasta hay un Miguel Bosé interpretado por Jude Law. Bien es cierto que la situación es más dramática, sobre todo en lo relativo a los saqueos y en las escenas de muertos enterrados en estadios de fútbol. Pero es porque la enfermedad tiene una letalidad algo mayor que la COVID, no por una espectacularidad fingida y efectista.

Tras el ataque de pánico, tuve que volver a verla con mi mujer para creérmelo. Y para tranquilizarla a ella. Nunca, nunca, vean solos esta película.

La conclusión sería que el film de Soderbergh es un raro caso de película que mejora con los años, y de la que no se tendrá la misma opinión de ella en años venideros que cuando se estrenó. Porque pasará de “ciencia ficción poco comercial” a “película visionaria”.

Por último: desear, aparte de salud para todos, que la parte en la que aparece la vacuna mejore en el mundo real y Contagio quede así obsoleta.

Imagen: YouTube

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